La etiqueta energética, de la A a la G, ya no es solo un trámite para vender o alquilar: influye en el valor del inmueble y en lo que pagas cada mes de luz y climatización. La buena noticia es que casi siempre se puede mejorar. Repasamos las actuaciones que más suelen influir y cómo priorizarlas.
Empieza por el certificado y por el diagnóstico
El certificado de eficiencia energética, que tiene una validez de diez años, informa de la calificación actual y suele incluir recomendaciones de mejora. Un buen diagnóstico, con inspección del edificio y datos de consumo, permite saber dónde están las pérdidas y qué inversiones dan más resultado antes de gastar un euro.
Aislamiento y ventanas: reducir la demanda
Lo primero es reducir lo que el edificio necesita para estar confortable. Mejorar el aislamiento de fachadas y cubiertas y sustituir carpinterías y vidrios antiguos disminuye la entrada de calor en verano, algo clave en Córdoba, y las pérdidas en invierno. También ayudan los toldos y protecciones solares en las orientaciones más expuestas.
Climatización, agua caliente e iluminación
Después se actualizan los equipos: bombas de calor y aerotermia en lugar de calderas antiguas, sistemas de regulación y control, y luminarias LED. Estas medidas reducen el consumo de energía y suelen ser las más rápidas de ejecutar en locales y oficinas.
Generar tu propia energía y consultar las ayudas
Una instalación fotovoltaica de autoconsumo o la energía solar térmica para el agua caliente cubren parte de la demanda restante con energía renovable y mejoran la calificación. Antes de acometer obras, consulta las ayudas y deducciones vigentes, que cambian con frecuencia y pueden exigir un certificado previo y otro posterior a la actuación. Además, según el sector, la actualización del sistema de certificación por la nueva directiva europea de edificios está todavía en marcha.
Nota: información orientativa de carácter general; las mejoras adecuadas dependen de cada edificio.